viernes, 23 de octubre de 2009

SIGUE PASANDO,POR FAVOR PROTEGELOS DEL ABUSO SEXUAL!!!

No suele hablarse del tema y eso es malo para los niños,hay que estar atentos,no obsesionarse pero tener presentes que ocurre y mas de lo que se cree y lo sé desgraciadamente por experiencia,he buscado material para informaros y si teneis alguna pregunta o duda os la contestare ya os digo que he tenido la horrible experiencia,era mi hermano y yo tenia tan solo 6 años y el tenia 18 años cuando comenzó y hace 4 años se repitio con otra niña de la familia,hoy me ha dado el alta el psiquiatra y he decidido,ya que no pude hacer nada porque no me creyeron en su dia,cuando advertí,quisiera poder ayudar a otros niños .Por favor leedlo no penseis que no sucede pues sé de mas historias y es horrible que siga sucediendo,aunque no tengais hijos podeis ayudar a otros niños.

Quisiera deciros que no os creais que podeis saber quien puede hacer esas cosas,en mi caso el es para los demas un ser adorable a quien le dejarias tus hijos con los ojos cerrados.


El abuso sexual infantil es un crimen que sucede en la sociedad contemporánea con una enorme frecuencia. Se calcula que una de cuatro niñas y uno de cada siete niños llega a experimentarlo. Este es un problema rodeado de tabúes y secretos que refuerzan su ocurrencia en nuestro país.

Al igual que en el ejemplo anterior del siglo XVIII, aun hoy no se le presta la suficiente atención social, existen instituciones y personas que minimizan su ocurrencia y sus efectos y disculpan a quienes los cometen. De esta forma, miles de niños y niñas crecen confundidos, con dolor, se sienten impotentes ante el poder de las personas adultas que los degradan y, muchas veces, también aprenden a exigir tolerancia hacia la violencia en las relaciones afectivas y familiares.

Por lo tanto, la gravedad del abuso sexual infantil no sólo se interpreta por las secuelas físicas y emocionales que pueden perdurar por toda una vida, sino que también, por sus consecuencias sociales ya que cuando el maltrato continúa y nadie interviene, se aprende de quien agrede y se repiten las conductas vivenciadas.

En nuestra sociedad, la violencia política, social y económica y la violación de los derechos humanos de las personas adultas acaparan, generalmente, la atención de la prensa, los gobiernos, los trabajos de investigación y el estudio universitario. Sin embargo, en el campo infantil, en todos los países del mundo, la violencia sexual contra niñas y niños continúa ocurriendo y los crímenes contra ellos, pasan más desapercibidos y menos castigados. En este sentido, los ideales por alcanzar un mundo diferente, libre de violencia, opresión y discriminación, comienza hoy, cuando realmente estemos decididos a enfrentar el reto de detener la tortura y la traición del abuso infantil. En este reto es muy importante que todas las personas adultas, deseosas de una sociedad solidaria, justa y equitativa, revisemos nuestros propios valores y creencias acerca del significado de ser niño o niña, acerca del por qué nos creemos con el derecho de apropiación sobre la población infantil y también reflexionemos sobre los prejuicios que legitiman la simetría dentro de las relaciones familiares y la valoración de los actos de violencia como recursos eficaces para resolver nuestros conflictos.

La explotación personal tiene como propósito mirar lo que siempre ha sucedido en nuestra sociedad, en nuestras familias o personas, pero que tal vez, lo hemos interpretado de una manera equivocada. Por ello, podemos afirmar que el abuso sexual infantil está presente en nuestra memoria colectiva y en nuestra vida cotidiana cerca de todos nosotros.

  • Los agresores son mayoritariamente varones, oscilando los porcentajes entre un 80 y un 92 por ciento, según las investigaciones. Generalmente se trata de hombres adultos y jóvenes, incluyendo adolescentes.

  • Habitualmente eligen víctimas del otro sexo.

  • Son precoces: casi la mitad tuvo su primer comportamiento de abuso antes de cumplir 16 años.

  • Suelen ser reincidentes y actúan más en las ciudades que en las zonas rurales

  • Aparentemente son personas normales, pero presentan problemas de socialización y serias carencias en valores sociales.

  • Suelen ser agresivos o retraídos y muy insensibles.

  • No saben seducir a sus iguales, los adultos.

  • La mayoría no busca tratamiento. Tal como señala Blanca Vázquez, "el ofensor sexual, y particularmente el de niños, "construye" toda una serie de argumentaciones en torno a su conducta delictiva /.../ en base a las cuales no presenta rastro de culpabilidad alguna que le lleve a ponerse en tratamiento psicológico".

  • Tienen una escasa capacidad para ponerse en el lugar de otros y compartir sus sentimientos (empatía).

  • En la mitad de los casos son desconocidos. En la otra mitad, se trata de familiares o conocidos de las víctimas, lo que representa un porcentaje inferior al que se registra en las sociedades anglosajonas.

  • Sólo en un 10 por ciento de los casos usan la violencia. Habitualmente recurren al engaño, tratan de ganarse la confianza de las víctimas o se aprovechan de la confianza familiar, utilizan estrategias como el factor sorpresa, les amenazan o les dan premios o privilegios de diferente tipo.

  • La mayoría no son pedófilos, es decir, adultos que se sienten orientados sexualmente exclusiva o preferentemente por los niños.

  • Hay dos tipos de agresores:
  • El primero, y más numeroso, está formado por los agresores que usan el engaño, la persuasión o la presión psicológica para conseguir que los niños acepten este tipo de conductas. El engaño y el chantaje emocional son las estrategias más frecuentemente utilizadas por los agresores. Estos agresores no usan la violencia, sino que, basándose en su autoridad de adultos, padres, maestros, etc, consiguen involucrar a los niños en actividades sexuales. En este grupo estarían:

    • Los pedófilos. Son sujetos inmaduros que no son capaces de adoptar pautas de comportamiento sexual adulto.

    • Adultos que mantienen actividad sexual con otros adultos. Llevan una vida sexual aparentemente normal, pero en determinadas circunstancias abusan sexualmente de menores. Entre estas circunstancias están los conflictos matrimoniales, la insatisfacción sexual, la baja autoestima, especialmente en el campo sexual y, sobre todo, el abuso del alcohol u otras drogas. Este es el subgrupo más numeroso.

  • El segundo grupo está integrado por los que usan la violencia o diferentes formas de agresión. Su deseo no está orientado exclusivamente hacia los niños, pero éstos tienen un especial atractivo para ellos porque son más fáciles de doblegar y dominar sin riesgo para el agresor.

  • Recurren a estas conductas porque se sienten angustiados por otros motivos y desplazan a este campo sus sentimientos buscando compensaciones.

  • Otros parecen disfrutar usando el poder sobre el niño/a.

  • Algunos, muy pocos, son sádicos que obtienen satisfacción cuando la actividad sexual va acompañada del sufrimiento del niño o niña.

  • Lo cierto es que independientemente de quien la realice, la prostitución infantil siempre va a ser una forma de abuso sexual, de explotación y de victimización, es la expresión de una sociedad degradante, donde a través de la cosificación del cuerpo y la sexualidad, se asume a los menores de edad como mercancía y se permite así "comprar acceso" a ella por parte del prostituyente.

  • El abuso sexual comprende un amplio abanico de conductas físicas entre ellas se encuentran:

  • Violación (penetración en la vagina, ano o boca con cualquier objeto sin el consentimiento de la persona).

  • Penetración digital (inserción de un dedo en la vagina o en el ano).

  • Exposición (mostrar los órganos sexuales de una manera inapropiada, como en el exhibicionismo).

  • Coito vaginal o anal.

  • Penetración anal o vaginal con un objeto.

  • Caricias (tocar o acariciar los genitales de otro, incluyendo forzar a masturbar para cualquier contacto sexual, menos la penetración).

  • Contacto genital oral.

  • Obligar al niño a que se involucre en contactos sexuales con los animales.

  • Además de las conductas físicas, los abusos comprenden la explotación sexual, es decir:

  • Implicar a menores de edad en conductas o actividades que tengan que ver con la producción de pornografía.

  • Promover la prostitución infantil.

  • Obligar a los niños a ver actividades sexuales de otras personas.



  • Síntomas emocionales

    • Hacia el agresor y/o familiares: desconfianza, miedo, hostilidad, abandono del hogar, conducta antisocial.

    • Hacia sí mismo/a: vergüenza, culpa, estigmatización, baja autoestima e histeria.

    • Tono afectivo: ansiedad, angustia, depresión, etc.

    • Sexualidad: exceso de curiosidad, precocidad de conductas, prostitución infantil.

    • También puede provocar problemas del sueño y/o comida, problemas escolares y falta de concentración.

    • Síntomas físicos

    • El descubrimiento de moretes, heridas o mordidas sin causa alguna en diferentes partes del cuerpo puede ser señal del abuso que una criatura puede estar sufriendo. Esta sospecha se refuerza cuando también se descubren ciertos indicadores tales como:

      • Enrojecimiento, laceraciones o incluso sangramiento en los genitales o dolor y comezón en esta área. También se pueden presentar contusiones o hemorragias en los genitales externos.

      • En algunos casos los niños también presentan incontinencia urinaria o infecciones urinarias frecuentes que avanzan con rapidez.

      • Existen igualmente trastornos del sueño, insomnio o pesadillas recurrentes.

      • Enfermedades venéreas.

      • Cambio abrupto de peso.

      • Dificultades para caminar o sentarse

      3. Síntomas de conducta

      No en todos los casos de abuso sexual infantil pueden descubrirse señales físicas. El abuso sexual no es solamente la violación propiamente dicha. Algunos abusadores se limitan a cierto tipo de caricias o juegos sexuales buco-genitales que, normalmente, no dejan huellas en el cuerpo de las criaturas. En estos casos es un poco más difícil descubrir el problema. Pero si se observa atentamente a cambios que pueden producirse en la conducta, ellos pueden llegar a convertirse en una buena señal de alerta.

      Entre los cambios de conducta se pueden mencionar:

      • Los comportamientos sexuales precoces, la práctica de juegos sexuales precoces, conductas obsesivas como la de bañarse y limpiarse excesivamente.

      • Se preocupa en exceso por sus hermanos.

      • En otras ocasiones también puede producirse una fuga del hogar sin aparente explicación. Esta conducta, obviamente, obedece a un deseo de escapar. En otros casos lo que ocurre es lo contrario. No pudiendo el niño o la niña expresar su situación y queriendo que la misma se vuelva obvia, puede recurrir a exponerse deliberadamente a situaciones de abuso.

      • La criatura abusada busca el contacto íntimo con otros. Algunas veces con el abusador inicial. Esto lo hace no porque le guste, como normalmente interpreta el abusador, sino porque espera que de esa manera la situación se descubra y pueda así lograr una afirmación de su persona. En todo esto el niño sufre intensamente, pues, se somete a situaciones contrarias a su voluntad con la esperanza de poder así librarse de las mismas.

      4. Síntomas a nivel escolar

      • Problema con los compañeros, falta de cooperación.

      • Dificultades repentinas de aprendizaje.

      • Papel sexual inapropiado para con sus compañeros.

      Los colaboradores de Save the Children citan por otro lado, los efectos que puede sufrir la víctima a largo plazo, como ansiedad y depresión.

      Son, comparativamente, menos frecuentes y menos claros que los efectos iniciales. Dependen de factores como el tipo de abuso, la relación con el agresor y sus estrategias, la edad, duración y frecuencia, etc. Se estima que afectan aproximadamente al 20 por ciento de quienes sufren estas prácticas.

      Entre las consecuencias detectadas por, Félix López Sánchez ( Abusos sexuales a menores. Guía para los educadores, 1997) se encuentran una amplia variedad de trastornos entre los que figuran las siguientes:

      • La depresión: Esta es la patología más claramente relacionada con los abusos sexuales. Los estudios efectuados al respecto muestran que quienes los sufrieron durante la infancia es más probable que tengan depresiones durante la vida adulta.

      • Las ideas de suicidio, los intentos de suicidio y los suicidios consumados también son más probables en quienes han sido víctimas de abusos sexuales.

      • Los abusos sexuales provocan también sentimientos de estigmatización, aislamiento y marginalidad que disminuyen, con frecuencia, la autoestima de quienes los sufrieron.

      • La ansiedad, la tensión y las dificultades en los hábitos de comida están asociados también con una mayor frecuencia a este tipo de traumas infantiles.

      • Las dificultades de tipo relacional, en especial con los hombres, los padres o los propios hijos, acompañan también, con cierta frecuencia estas sintomatologías. Es frecuente que la víctima sienta hostilidad hacia las personas del mismo sexo que el agresor.

      • La víctima de abusos sexuales en la infancia está también más predispuesta a sufrir abusos sexuales, por su pareja u otros, cuando es adulta.

      • También se han confirmado otros efectos relacionados con la sexualidad: dificultad para relajarse, anorgasmia, promiscuidad, explotación sexual, etc. Todo parece indicar que "las víctimas de abusos sexuales durante la infancia tienen más dificultades sexuales y disfrutan menos con la actividad sexual".

      Las reacciones de los niños al abuso sexual difieren con su edad y personalidad y con la naturaleza de la ofensa. Algunas veces los niños no son perturbados por situaciones que parecen muy serias para sus padres.
      A menudo, los niños están atemorizados o confundidos por el abuso sexual. Muchos niños están temerosos de decir a cualquiera acerca del incidente por temor de ser culpados o castigados. En otros casos, los niños permanecen silenciosos debido a que ellos no quieren constituirse en un problema para el abusador.
      Niños mayores pueden sentirse avergonzados para describir el incidente. Estos problemas son especialmente comunes cuando el abusador es alguno de la familia. Aun si un niño no dice nada acerca del abuso, es importante tener la sospecha de que algo no anda bien cuando se presentan conductas diferentes a las corrientes. Lo anterior se puede ver claramente reflejado en lo que se llama “Ley del silencio” y corresponde según el estudio realizado por Save the Children a un 30 por ciento de las víctimas no se lo cuenta absolutamente a nadie porque temen la reacción de los demás ante la revelación, por sentimientos de culpabilidad o por vergüenza. Uno de cada dos menores que han sufrido el abuso sexual elige como confidente a un amigo y uno de cada cinco a la madre (las madres no están casi nunca involucradas en los abusos sexuales de sus hijos). Un 22% se lo cuenta a otro familiar. Sólo un 0,42% de las víctimas le cuenta su experiencia a profesionales (psicólogos, educadores,...). Ninguno recurre a la policía, jueces o abogados.


A partir de la interrogante: ¿qué hacer ante un posible caso de abuso sexual? dichos expertos formularon las siguientes recomendaciones:

  • Propiciar la confianza de los niños y escucharles.

Padres y educadores deben animarles a hablar ("Ten confianza en mí", "Puedes contarme lo que sea", "Quiero escuchar lo que me quieres decir", "Yo puedo ayudarte a solucionarlo").

  • Creer al niño.

No hay que cuestionar la veracidad de los hechos porque cuando los niños cuentan un abuso, no mienten prácticamente nunca.

  • Decirle que no es culpable.

Casi siempre muestran sentimientos de culpabilidad, por lo que es muy importante dejarle claro que él no tiene ninguna culpa, que el responsable es el agresor ("Tú no has hecho nada malo", "No es tu culpa", "Tú no has podido evitarlo).

  • Hacer que se sienta orgulloso por haberlo contado.

Quienes comunican estos hechos son valientes ("Estoy muy orgulloso de ti por habérmelo contado", "Has sido muy valiente al contarme esto").

  • Asegurarle que no le ocurrirá nada, que el abuso no se repetirá y no habrá represalias

("Ahora que me lo has contado, ya no volverá a suceder").

  • Decirle que saldrá adelante

("Sé que ahora te sientes mal, pero te vamos a ayudar para que vuelvas a sentirte bien").

  • Expresarle afecto.

Necesitan sentirse seguros y queridos, sobre todo en situaciones traumáticas como en los casos de abusos sexuales.

  • Hablar de lo ocurrido y del agresor.

El niño debe reconocer sus sentimientos. Hay que animarle a hablar del abuso y hablar del agresor como alguien que necesita ayuda ("¿Quieres contarme cómo ocurrió?, "Te ha hecho algo malo, pero él también necesita ayuda para que no lo vuelva a hacer").

  • Comunicar el abuso a la familia o a los Servicios de Protección de Menores.

Hay que informar a la familia de lo ocurrido cuanto antes, para que busquen la ayuda necesaria y protejan al niño para que el abuso no vuelva a producirse. Si el abuso es intrafamiliar, se debe informar a un familiar directo diferente del agresor.

En estos casos conviene seguir el caso, llamando a la familia o concertando entrevistas con ella para comprobar si está intentando resolver el problema o si se está ocultando o negando, como ocurre muchas veces. Si está implicado el padre, hay que comunicarlo a los Servicios de Protección de Menores para evitar que los miembros de la familia se organicen y silencien el abuso.

Pero también existen cosas que nunca deberíamos hacer. Como por ejemplo:

  • Culpar al niño del abuso.

No hay que reñirle o castigarle por lo sucedido. Se haya resistido o no, lo importante es no responsabilizar al menor, incluso en los casos en los que el agresor ha logrado que colabore. Nunca hay que abordarle con preguntas como: "¿Por qué le dejaste hacerlo?", "¿Por qué no me lo dijiste antes?", "¿Por qué no dijiste no, huiste o luchaste".

Para la mayoría de los expertos resulta fundamental no culpabilizar, en ningún caso, a los niños: "Las víctimas nunca tienen la culpa. La culpa", concluye, "es siempre del agresor".

  • Negar que el abuso ha ocurrido

("¿Estás seguro/a?", "No es verdad, debe ser un malentendido", "No inventes esas historias").

  • Expresar alarma: angustia por el niño/a o por el agresor.

  • Tratar al niño/a de forma diferente. Evitar tocarle, acariciarle, hablar de él o ella como la víctima.

  • Sobreprotegerle

En realidad no existe una fórmula mágica para prevenir un abuso sexual, sin embargo, los especialistas de Casa Alianza y otras instituciones como el Patronato Nacional de la Infancia nos proponen algunas posibles soluciones.

Lo primero sería hacer programas de prevención en las escuelas. Estos programas deben situarse en un contexto amplio que dé una visión positiva de la sexualidad. Es decir, dentro de programas de educación sexual bien planteados en los que se deben incluir aspectos relacionados con los abusos sexuales, para que los niños y niñas conozcan que estos riesgos existen, aprendan a reconocer los abusos, sepan resistirse a ellos y comuniquen a sus familiares o educadores lo que les ocurre. También es importante que los niños no se sientan culpables, estigmatizados y sepan que pueden superar la experiencia y que los agresores son personas que necesitan ayuda.

Todo programa de prevención del abuso sexual infantil debe abordarse desde presupuestas que garanticen una visión positiva de la sexualidad, el respeto a la voluntad del otro, la igualdad entre los sexos, el reconocimiento y el respeto a la sexualidad infantil.

Hay que informar a los niños sobre los abusos sexuales, pero también entrenarles para que desarrollen ciertas habilidades que les permitan enfrentarse de una forma adecuada a situaciones peligrosas. Este entrenamiento debe desarrollar cuatro habilidades básicas: Enseñarles a decir "no". Hay que propiciar que los niños expresen sus gustos e intereses y sepan que pueden discrepar con la gente abiertamente, que pueden pedir aclaraciones de las cosas y decir NO. NO a que toquen su cuerpo y NO a que invadan su intimidad. Enseñarles a identificar el abuso. Muchas veces no son conscientes de lo que les está pasando. Además, han aprendido que deben respetar las peticiones de los adultos y cumplirlas.

Por eso es necesario que sepan identificar el abuso y diferenciarlo de otro tipo de contactos normales. Hay que dejarles claro que no deben admitir contactos inadecuados (los que tienen intención sexual o no les apetecen), pero sin fomentar el miedo al contacto con los seres queridos. Enseñarles a afrontar la situación. No debemos pedirles que se resistan físicamente. Sólo deben hacerlo cuando sea posible parar al agresor. Es decir, en lugares donde hay gente próxima que puede oírles o cuando tienen la fuerza suficiente para hacer frente al agresor, algo que puede ocurrir en el caso de los adolescentes. Romper el silencio. Hay que enseñarles a que no guarden el secreto y a que se lo cuenten a un adulto porque así podrá ayudarles a superarlo y evitar que vuelva a ocurrir.

Otro aspecto importante es formar a los profesionales de la educación y de la salud. Es necesario llevar a cabo planes de formación de profesionales de la educación y de la salud (médicos de familia y de atención primaria, servicios sociales, psiquiatras y psicólogos) para que puedan realizar intervenciones sociales, educativas y terapéuticas adecuadas.


Myr dijo...

PD Una aclaración al texto: No todos los síntomas están necesariamente presentes

GRACIAS MYR




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PRECIOSO ROXANA

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MUCHAS GRACIAS

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gracias a mi familia

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